Los compañeros que administramos el Foro Alternativo de IU entre los que me encuentro, acabamos de publicar una entrevista que hemos realizado al filosofo Francisco Fernandez Buey.
Francisco Fernández Buey es Catedrático de Universidad en el departamento de Humanidades y Ciencias Sociales en la Universidad Pompeu Fabra, ha escrito infinidad de ensayos y libros sobre la izquierda y el movimiento alterglobalización, que lo han convertido en un referente inevitable para muchos activistas de la izquierda transformadora.
En el siguiente enlace podeis encontrar detallada información sobre su obra literaria y académica
Podeis encontrar la entrevista en:
El Nº 24 de la revista-blog Alterglobalización
O directamente y con comentario de foreros en el Foro Alternativo de IU
Para los que tengan mas interes por el autor.
Hay otra entevista de el en el Nº 10 de la revista-blog Alterglobalización y sus opiniones sobre Bolivia en el Nº 17 de la revista-blog Alterglobalización
Un buen numero de articulos de el los podreis encontrar en el excelente portal de información alternativa "LaInsignia"
Francisco Fernández Buey es Catedrático de Universidad en el departamento de Humanidades y Ciencias Sociales en la Universidad Pompeu Fabra, ha escrito infinidad de ensayos y libros sobre la izquierda y el movimiento alterglobalización, que lo han convertido en un referente inevitable para muchos activistas de la izquierda transformadora.
En el siguiente enlace podeis encontrar detallada información sobre su obra literaria y académica
Podeis encontrar la entrevista en:
El Nº 24 de la revista-blog Alterglobalización
O directamente y con comentario de foreros en el Foro Alternativo de IU
Para los que tengan mas interes por el autor.
Hay otra entevista de el en el Nº 10 de la revista-blog Alterglobalización y sus opiniones sobre Bolivia en el Nº 17 de la revista-blog Alterglobalización
Un buen numero de articulos de el los podreis encontrar en el excelente portal de información alternativa "LaInsignia"
Zapatero y la economia española
Edmundo Fayanás
Llevamos dos años del gobierno socialista de Zapatero y es hora de hacer balance de la gestión del mismo en su aspecto económico. La realidad económica presenta grandes claroscuros, siguiendo la misma dinámica de continuidad de la política ejecutada por el Partido Popular, con pequeños retoques, sin haberse dado cuenta que este modelo esta agotado.
El área económica ha estado dirigida por Pedro Solbes y Miguel Sebastián, estos nombramientos significaron una señal clara a los poderes reales del país, donde se les aseguraba la continuidad en la política económica y que no se iba a producir grandes cambios. Dos años después, los hechos avalan estas predicciones y análisis, que confirman la continuidad de dicha política.
Así, mientras la oposición del PP al PSOE ha sido y es durísima, sin embargo en el apartado económico se produce un prolongado silencio. Sólo se han producido encontronazos por el tema de la OPA sobre Endesa, que cabe enmarcarlos como una lucha por el poder entre los distintos sectores económicos que apoyan al PP y al PSOE.
Si analizamos el cuadro macroeconómico del año 2005, nos dice que el PIB ha crecido un 3,5% y el empleo un 3,1%, pudiéndose decir que ha sido magnifico. No debemos engañarnos, pues hay otros datos muy preocupantes y que agudizan el desequilibrio de nuestra economía. El IPC es el doble que el de la Unión Europea, significando una pérdida de competitividad muy importante y un impuesto de lo más injusto para las clases trabajadoras. La desigualdad social se ha mantenido e incluso ha aumentado algo. El déficit por cuenta corriente fue oen 68.952 millones de euros, que significó el 8% del PIB, uno de los más altos del mundo, restando un 1,7% a nuestro crecimiento, previéndose que llegue al 10% en el 2006.
Si es alarmante el déficit corriente norteamericano que está en el 6,4%, calculen nuestro problema ¿qué están haciendo para corregirlo? Que sepamos nada. La productividad española, en el 2005, fue la más baja de los países de la Unión Europea y se prevé que continué descendiendo.
Todavía nos encontramos inmersos con el corsé económico de la ley de Estabilidad Presupuestaria, es decir, del déficit cero. Los sectores de la derecha económica y política española están reclamando para el año 2007, un superávit del Estado del 1% del PIB. Evidentemente, el PSOE lo va a conceder. Esto es una muestra más de la política económica neoliberal de Zapatero, para regocijo de los de siempre.
El PSOE está haciendo una serie de reformas en aspectos de libertades y de algunos derechos sociales con poco coste económico y mucha venta mediática, pudiendo presentar la imagen de izquierda, lo cual me parece bien, pero en lo que denominaremos la cuestión financiera, de política de izquierda nada de nada.
El PSOE en su literatura económica nos habla del apoyo al I+D, de la tecnología de la información, de la formación de capital humano, etc., en definitiva de la modernidad De esto a la realidad que están aplicando hay una gran diferencia. Veamos.
Los índices de inversión en I+D han aumentado, pero no en la cuantía que se necesita para dar un salto cualitativo, continuando con la ineficacia en la utilización de estos recursos, ver el fracaso parcial del proyecto Ramón y Cajal (2001) para poder retener a nuestros investigadores. En I+D es necesario un mayor incremento inversor en el campo civil, hasta llegar al 1,5% del PIB y para que este sea eficaz hay que hacer un conjunto de reformas en la gestión de esos fondos que no se está realizando. ¿Cuándo llegaremos al 3% que planteaba la Unión Europea para el 2010?
El otro gran factor de cambio, es la inversión en capital humano. El PSOE ha cambiado la LODE por la LOE, ninguna de las dos soluciona el problema educativo que presenta el país, donde la gran triunfadora ha sido la educación privada. Se nos argumenta que esta ley va acompañada por primera vez de una memoria económica, que por cierto es un avance, pero el incremento de gasto educativo sigue estando muy por debajo de lo necesario, pasando del 4,4% del PIB actual al 4,6% muy lejos de los niveles europeos y del objetivo del 6% que se plantea para la educación europea en el año 2010.
Irlanda era el país más retrasado de la Unión Europea, hasta que se apostó decididamente por el I+D y la inversión en capital humano. Veinticinco años después, Irlanda es el país más puntero tecnológicamente de Europa.
La política económica del PP se basaba en tres principios económicos fundamentales. El control de las finanzas del Estado a través de la ley de Estabilidad Presupuestaria, conocida como de déficit cero; la modificación de las leyes impositivas, expandiendo los impuestos indirectos que los pagamos todos y recortando los directos que favorecen a los ricos; es decir, no habiendo progresividad fiscal y el tercer principio fue el dominio absoluto de la ley del mercado. Podemos decir, que lo que plantean es menos Estado y más Mercado.
Algunos ingenuos creían que con la llegada del PSOE al poder, con su “progresismo” esto cambiaría. Los tres principios en los que se basaba el PP siguen siendo válidos para el PSOE. Se ha reafirmado la política del déficit cero, con pequeños retoques no fundamentales, se ha mantenido la injusta política fiscal española y no solo eso, sino que nos plantean una nueva reforma fiscal, con el argumento de que disminuir los impuestos directos es de izquierdas, dicha reforma ahonda más en la injusticia de la fiscalidad actual.
Gaspar Llamazares llama socavón a la nueva reforma fiscal en un planteamiento progresista, creo que se le podría poner otros calificativos más expresivos y duros. Por último, el mercado es lo que inunda toda la política económica socialista.
Como he comentado anteriormente, se plantea para el año 2007 que haya un superávit del Estado del 1%. Sr Zapatero, Solbes…. entendemos esto como un gravísimo error del que deberían reflexionar, si realmente quieren hacer una política económica progresista. El Estado para el año 2007 debería tener un déficit del 1%. Los ortodoxos del neoliberalismo me crucificarán, pero son los mismos que van habitualmente van a restaurantes de muchos tenedores. La pregunta es ¿Qué hacemos con ese diferencial del 2% del PIB que propongo?
Ese dinero iría destinado fundamentalmente a cuatro conceptos; en primer lugar, más inversión en I+D buscando una mayor eficiencia para aumentar así nuestra competitividad, gran lacra de nuestro desarrollo. En segundo lugar, destinar más medios al sistema educativo público que tiene un déficit estructural anual de unos 2.000 millones de euros. En tercer lugar, apoyar al sistema sanitario público que presenta un déficit que ronda los 6.000 millones de euros. Por último, se desarrollarían políticas de igualdad que hagan menos injustas las carencias de nuestro sistema social.
Sr. Zapatero replantéese la reforma fiscal anunciada y presente un modelo fiscal con más progresividad y con más justicia, es por lo menos lo que se espera de un partido de izquierdas.
Mucho nos jugamos con esta política que desarrolla, hay una frase que se oyó cuando gano las elecciones “no nos falles”. A mi pesar, en la política económica no sólo nos está fallando sino que nos esta traicionando. Todavía está a tiempo de rectificar.
Edmundo Fayanás
Llevamos dos años del gobierno socialista de Zapatero y es hora de hacer balance de la gestión del mismo en su aspecto económico. La realidad económica presenta grandes claroscuros, siguiendo la misma dinámica de continuidad de la política ejecutada por el Partido Popular, con pequeños retoques, sin haberse dado cuenta que este modelo esta agotado.
El área económica ha estado dirigida por Pedro Solbes y Miguel Sebastián, estos nombramientos significaron una señal clara a los poderes reales del país, donde se les aseguraba la continuidad en la política económica y que no se iba a producir grandes cambios. Dos años después, los hechos avalan estas predicciones y análisis, que confirman la continuidad de dicha política.
Así, mientras la oposición del PP al PSOE ha sido y es durísima, sin embargo en el apartado económico se produce un prolongado silencio. Sólo se han producido encontronazos por el tema de la OPA sobre Endesa, que cabe enmarcarlos como una lucha por el poder entre los distintos sectores económicos que apoyan al PP y al PSOE.
Si analizamos el cuadro macroeconómico del año 2005, nos dice que el PIB ha crecido un 3,5% y el empleo un 3,1%, pudiéndose decir que ha sido magnifico. No debemos engañarnos, pues hay otros datos muy preocupantes y que agudizan el desequilibrio de nuestra economía. El IPC es el doble que el de la Unión Europea, significando una pérdida de competitividad muy importante y un impuesto de lo más injusto para las clases trabajadoras. La desigualdad social se ha mantenido e incluso ha aumentado algo. El déficit por cuenta corriente fue oen 68.952 millones de euros, que significó el 8% del PIB, uno de los más altos del mundo, restando un 1,7% a nuestro crecimiento, previéndose que llegue al 10% en el 2006.
Si es alarmante el déficit corriente norteamericano que está en el 6,4%, calculen nuestro problema ¿qué están haciendo para corregirlo? Que sepamos nada. La productividad española, en el 2005, fue la más baja de los países de la Unión Europea y se prevé que continué descendiendo.
Todavía nos encontramos inmersos con el corsé económico de la ley de Estabilidad Presupuestaria, es decir, del déficit cero. Los sectores de la derecha económica y política española están reclamando para el año 2007, un superávit del Estado del 1% del PIB. Evidentemente, el PSOE lo va a conceder. Esto es una muestra más de la política económica neoliberal de Zapatero, para regocijo de los de siempre.
El PSOE está haciendo una serie de reformas en aspectos de libertades y de algunos derechos sociales con poco coste económico y mucha venta mediática, pudiendo presentar la imagen de izquierda, lo cual me parece bien, pero en lo que denominaremos la cuestión financiera, de política de izquierda nada de nada.
El PSOE en su literatura económica nos habla del apoyo al I+D, de la tecnología de la información, de la formación de capital humano, etc., en definitiva de la modernidad De esto a la realidad que están aplicando hay una gran diferencia. Veamos.
Los índices de inversión en I+D han aumentado, pero no en la cuantía que se necesita para dar un salto cualitativo, continuando con la ineficacia en la utilización de estos recursos, ver el fracaso parcial del proyecto Ramón y Cajal (2001) para poder retener a nuestros investigadores. En I+D es necesario un mayor incremento inversor en el campo civil, hasta llegar al 1,5% del PIB y para que este sea eficaz hay que hacer un conjunto de reformas en la gestión de esos fondos que no se está realizando. ¿Cuándo llegaremos al 3% que planteaba la Unión Europea para el 2010?
El otro gran factor de cambio, es la inversión en capital humano. El PSOE ha cambiado la LODE por la LOE, ninguna de las dos soluciona el problema educativo que presenta el país, donde la gran triunfadora ha sido la educación privada. Se nos argumenta que esta ley va acompañada por primera vez de una memoria económica, que por cierto es un avance, pero el incremento de gasto educativo sigue estando muy por debajo de lo necesario, pasando del 4,4% del PIB actual al 4,6% muy lejos de los niveles europeos y del objetivo del 6% que se plantea para la educación europea en el año 2010.
Irlanda era el país más retrasado de la Unión Europea, hasta que se apostó decididamente por el I+D y la inversión en capital humano. Veinticinco años después, Irlanda es el país más puntero tecnológicamente de Europa.
La política económica del PP se basaba en tres principios económicos fundamentales. El control de las finanzas del Estado a través de la ley de Estabilidad Presupuestaria, conocida como de déficit cero; la modificación de las leyes impositivas, expandiendo los impuestos indirectos que los pagamos todos y recortando los directos que favorecen a los ricos; es decir, no habiendo progresividad fiscal y el tercer principio fue el dominio absoluto de la ley del mercado. Podemos decir, que lo que plantean es menos Estado y más Mercado.
Algunos ingenuos creían que con la llegada del PSOE al poder, con su “progresismo” esto cambiaría. Los tres principios en los que se basaba el PP siguen siendo válidos para el PSOE. Se ha reafirmado la política del déficit cero, con pequeños retoques no fundamentales, se ha mantenido la injusta política fiscal española y no solo eso, sino que nos plantean una nueva reforma fiscal, con el argumento de que disminuir los impuestos directos es de izquierdas, dicha reforma ahonda más en la injusticia de la fiscalidad actual.
Gaspar Llamazares llama socavón a la nueva reforma fiscal en un planteamiento progresista, creo que se le podría poner otros calificativos más expresivos y duros. Por último, el mercado es lo que inunda toda la política económica socialista.
Como he comentado anteriormente, se plantea para el año 2007 que haya un superávit del Estado del 1%. Sr Zapatero, Solbes…. entendemos esto como un gravísimo error del que deberían reflexionar, si realmente quieren hacer una política económica progresista. El Estado para el año 2007 debería tener un déficit del 1%. Los ortodoxos del neoliberalismo me crucificarán, pero son los mismos que van habitualmente van a restaurantes de muchos tenedores. La pregunta es ¿Qué hacemos con ese diferencial del 2% del PIB que propongo?
Ese dinero iría destinado fundamentalmente a cuatro conceptos; en primer lugar, más inversión en I+D buscando una mayor eficiencia para aumentar así nuestra competitividad, gran lacra de nuestro desarrollo. En segundo lugar, destinar más medios al sistema educativo público que tiene un déficit estructural anual de unos 2.000 millones de euros. En tercer lugar, apoyar al sistema sanitario público que presenta un déficit que ronda los 6.000 millones de euros. Por último, se desarrollarían políticas de igualdad que hagan menos injustas las carencias de nuestro sistema social.
Sr. Zapatero replantéese la reforma fiscal anunciada y presente un modelo fiscal con más progresividad y con más justicia, es por lo menos lo que se espera de un partido de izquierdas.
Mucho nos jugamos con esta política que desarrolla, hay una frase que se oyó cuando gano las elecciones “no nos falles”. A mi pesar, en la política económica no sólo nos está fallando sino que nos esta traicionando. Todavía está a tiempo de rectificar.
Reformas y distribución de la renta
Albert Recio (Mientras Tanto)
El Gobierno Zapatero sigue imparable en su vía reformista. En un breve lapso de tiempo ha conseguido alcanzar acuerdos diversos para llevar adelante nuevas reformas en el plano de las relaciones laborales, las pensiones y la fiscalidad. Nadie les puede disputar que se trata de un verdadero gobierno reformista. Otra cosa es que las reformas sirvan para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Pero ya sabemos que esto no forma parte de la agenda de la política de estos tiempos.
Pese a su modestia general, sin duda es la reforma laboral la que se plantea objetivos más explícitos, especialmente el de reducir drásticamente el empleo temporal, escandalosamente elevado en nuestro país. El Gobierno ha llegado a cuantificar en 1 millón el número de nuevos contratos fijos de aquí al 2008. Aunque la cifra suena contundente, su impacto sobre el modelo laboral sería, en caso de cumplirse, modesta. En el caso, poco probable, de que lo único que cambiara fuera la conversión de un millón de empleos temporales en fijos (o sea que el empleo no creciera en absoluto ni se destruyeran empleos fijos) la medida sólo conseguiría reducir la tasa de temporalidad del 33,3% actual al 27%: una reducción importante pero incapaz de generar una alteración del modelo. Quizás si el acuerdo hubiera incluido una cláusula que obligara a aplicar la obligación de hacer fijos a los empleados temporales que ya han acumulado mucha actividad en la empresa el impacto hubiera sido menor. Pero al no introducir un mecanismo de retroactividad la medida tendrá un impacto menor.
El acuerdo trata de atajar dos de las grandes vías de precarización del empleo: la extensión de la contratación temporal y la subcontratación en cadena. En el primer caso se ponen límites al encadenamiento de contratos (la misma empresa contrata periódicamente a un mismo trabajador, directamente o mediante una ETT), se elimina uno de los contratos- basura (el de inserción) y se encarece algo el coste relativo de los contratos temporales. En el segundo se crean algunos derechos sindicales para las subcontratas que coexisten en el mismo lugar de trabajo y se define de forma más precisa la ilegal cesión de trabajadores. Medidas todas ellas adecuadas, pero muy tímidas para revertir la situación, ya que seguirán persistiendo muchos escapes legales para colar la temporalidad. Nada nuevo en materia de regulación del empleo ilegal, en especial el que afecta a la contratación de extranjeros, hoy el verdadero generador del “efecto llamada” de la inmigración sin papeles. Sólo el compromiso de aumentar las plantillas de la Inspección de Trabajo abre alguna posibilidad al respecto.
A cambio de estos tímidos avances la patronal saca una tajada muy sustanciosa. De una parte la ampliación de los supuestos en los que la indemnización máxima por despido es de 33 días por año trabajado (en lugar de los 45 días). El otro es la reducción en las cotizaciones al desempleo (0,5 puntos en 2008, 1 punto para las ETTs) y al Fondo de Garantía Salarial. Un buen chorro de dinero para las empresas, a las que hay que sumar las generosas subvenciones en los contratos temporales. La extensión de las percepciones de desempleo (mayores de 45 años sin cargas familiares, fijos discontinuos y socios de cooperativas, cotización a la Seguridad Social para las Rentas Activas de Inserción) y la mejoras en las garantías salariales son una pequeña, aunque no desdeñable, compensación por el ahorro de costes laborales que experimentarán las empresas. Y es que los empresarios españoles sólo son liberales de boquilla. En la práctica están siempre pendientes de la teta del estado, como lo muestra el hecho que el peso que tienen las subvenciones en las políticas de empleo sea el doble que en el resto de Europa (de cada 100 euros dedicados a políticas activas de empleo, 45 van a subvenciones en España, frente a los 22 de media en la UE-15). A pesar de que existen numerosos estudios que apuntan a la inutilidad real de las mismas, subvencionan empleos que se hubieran creado sin ellas, son “peso muerto”.
Más allá del análisis en términos de concesiones y contrapartidas —siempre muy claras las que reciben los empresarios, y mas difusas y etéreas las que favorecen a los trabajadores—, lo que se observa es la inexistencia de una lectura estratégica de los problemas del empleo, especialmente por parte sindical. Ciertamente en los últimos años la acción sindical ha conseguido algunos avances en la reducción del empleo temporal en sectores como la industria y algunos servicios (a un precio caro en términos de moderación salarial, flexibilidad de las condiciones laborales, abaratamiento del despido, subvenciones), pero estos han quedado globalmente contrapesados por el enorme crecimiento del empleo en sectores donde la precariedad es la norma —especialmente la construcción— y por la brutal extensión de la precariedad en el sector público y sus aledaños. Sin un cambio radical en la organización laboral, la especialización productiva y las normas de distribución de la renta (incluidas las pautas de fijación de salarios) es casi imposible reconducir la situación. Cuanto menos se podía haber aprovechado la negociación a tres bandas para exigir al gobierno un cambio en las políticas de empleo público, donde la interinidad, la contratación precaria y la externalización se han convertido en la norma de gestión.
Ya se sabe que la fortuna llama a la fortuna. Y a los empresarios no sólo les ha tocado la lotería de la rebaja de las cotizaciones sociales. También han sido agraciados con la reforma fiscal, especialmente la del Impuesto de Sociedades donde la rebaja es del 5%. El Gobierno ha tratado de lavarse la cara con algunas medidas compensatorias, como la eliminación de muchas desgravaciones en el Impuesto de Sociedades y la ampliación de la cotización del ahorro, pero —no fueran a desanimarse los ricos— limitada al 18%, lo que sigue convirtiendo el IRPF, en la práctica, en un mero Impuesto del Trabajo Personal. Las cosas irán seguramente a peor. Convergencia i Unió, siempre tan consecuente con sus intereses de clase, ya ha pactado con el gobierno el adelantamiento de los recortes en el Impuesto de Sociedades y el tratamiento más generoso de los planes de pensiones en el IRPF. Las presiones empresariales, levantando la bandera del I+D, están a punto de reintroducir alguna de las desgravaciones antiguas.
No hay dos sin tres. A impuestos y contratación laboral le ha seguido Seguridad Social. Una reforma ciertamente modesta, con recortes limitados y alguna concesión. En la línea de las anteriores y en todo lo que atañe a la concertación social. Una concertación en la que la que siempre domina la estrategia patronal y el tipo de realismo (de visión de la realidad, para ser claros) de los neoliberales. Un realismo del que están excluidas las grandes demandas igualitarias e incluso las reformas que pueden provocar un cambio social de cierto calado. El “orden financiero” y la “acumulación de capital” imperan por doquier y seguimos instalados en un modelo social injusto, depredador y socialmente ineficiente (pues no garantiza la satisfacción universal de necesidades básicas).
Por ello, no es de extrañar que en este contexto España siga apareciendo como un país con grandes desigualdades —aunque como en el cuento del sabio, siempre encontraremos a alguien peor, empezando por las ex colonias del imperio en el que nunca se ponía el sol, herederas de una larga tradición de clases gobernantes de crueles señoritos—, tanto en la distribución de la renta como en los salarios, y que no sea difícil descubrir grandes bolsas de pobres. Menos mal que el mediterráneo es un clima venturoso y al lado de los cachorros competitivos persisten muchas estructuras informales de apoyo social. Sólo cuando empecemos a preocuparnos por estas desigualdades extremas y por la irracionalidad global del modelo empezaremos a desarrollar líneas estratégicas que se orienten a cambiar de modelo o, cuando menos, a pasar al terreno de las grandes reformas.
Albert Recio (Mientras Tanto)
El Gobierno Zapatero sigue imparable en su vía reformista. En un breve lapso de tiempo ha conseguido alcanzar acuerdos diversos para llevar adelante nuevas reformas en el plano de las relaciones laborales, las pensiones y la fiscalidad. Nadie les puede disputar que se trata de un verdadero gobierno reformista. Otra cosa es que las reformas sirvan para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Pero ya sabemos que esto no forma parte de la agenda de la política de estos tiempos.
I
Pese a su modestia general, sin duda es la reforma laboral la que se plantea objetivos más explícitos, especialmente el de reducir drásticamente el empleo temporal, escandalosamente elevado en nuestro país. El Gobierno ha llegado a cuantificar en 1 millón el número de nuevos contratos fijos de aquí al 2008. Aunque la cifra suena contundente, su impacto sobre el modelo laboral sería, en caso de cumplirse, modesta. En el caso, poco probable, de que lo único que cambiara fuera la conversión de un millón de empleos temporales en fijos (o sea que el empleo no creciera en absoluto ni se destruyeran empleos fijos) la medida sólo conseguiría reducir la tasa de temporalidad del 33,3% actual al 27%: una reducción importante pero incapaz de generar una alteración del modelo. Quizás si el acuerdo hubiera incluido una cláusula que obligara a aplicar la obligación de hacer fijos a los empleados temporales que ya han acumulado mucha actividad en la empresa el impacto hubiera sido menor. Pero al no introducir un mecanismo de retroactividad la medida tendrá un impacto menor.
El acuerdo trata de atajar dos de las grandes vías de precarización del empleo: la extensión de la contratación temporal y la subcontratación en cadena. En el primer caso se ponen límites al encadenamiento de contratos (la misma empresa contrata periódicamente a un mismo trabajador, directamente o mediante una ETT), se elimina uno de los contratos- basura (el de inserción) y se encarece algo el coste relativo de los contratos temporales. En el segundo se crean algunos derechos sindicales para las subcontratas que coexisten en el mismo lugar de trabajo y se define de forma más precisa la ilegal cesión de trabajadores. Medidas todas ellas adecuadas, pero muy tímidas para revertir la situación, ya que seguirán persistiendo muchos escapes legales para colar la temporalidad. Nada nuevo en materia de regulación del empleo ilegal, en especial el que afecta a la contratación de extranjeros, hoy el verdadero generador del “efecto llamada” de la inmigración sin papeles. Sólo el compromiso de aumentar las plantillas de la Inspección de Trabajo abre alguna posibilidad al respecto.
A cambio de estos tímidos avances la patronal saca una tajada muy sustanciosa. De una parte la ampliación de los supuestos en los que la indemnización máxima por despido es de 33 días por año trabajado (en lugar de los 45 días). El otro es la reducción en las cotizaciones al desempleo (0,5 puntos en 2008, 1 punto para las ETTs) y al Fondo de Garantía Salarial. Un buen chorro de dinero para las empresas, a las que hay que sumar las generosas subvenciones en los contratos temporales. La extensión de las percepciones de desempleo (mayores de 45 años sin cargas familiares, fijos discontinuos y socios de cooperativas, cotización a la Seguridad Social para las Rentas Activas de Inserción) y la mejoras en las garantías salariales son una pequeña, aunque no desdeñable, compensación por el ahorro de costes laborales que experimentarán las empresas. Y es que los empresarios españoles sólo son liberales de boquilla. En la práctica están siempre pendientes de la teta del estado, como lo muestra el hecho que el peso que tienen las subvenciones en las políticas de empleo sea el doble que en el resto de Europa (de cada 100 euros dedicados a políticas activas de empleo, 45 van a subvenciones en España, frente a los 22 de media en la UE-15). A pesar de que existen numerosos estudios que apuntan a la inutilidad real de las mismas, subvencionan empleos que se hubieran creado sin ellas, son “peso muerto”.
Más allá del análisis en términos de concesiones y contrapartidas —siempre muy claras las que reciben los empresarios, y mas difusas y etéreas las que favorecen a los trabajadores—, lo que se observa es la inexistencia de una lectura estratégica de los problemas del empleo, especialmente por parte sindical. Ciertamente en los últimos años la acción sindical ha conseguido algunos avances en la reducción del empleo temporal en sectores como la industria y algunos servicios (a un precio caro en términos de moderación salarial, flexibilidad de las condiciones laborales, abaratamiento del despido, subvenciones), pero estos han quedado globalmente contrapesados por el enorme crecimiento del empleo en sectores donde la precariedad es la norma —especialmente la construcción— y por la brutal extensión de la precariedad en el sector público y sus aledaños. Sin un cambio radical en la organización laboral, la especialización productiva y las normas de distribución de la renta (incluidas las pautas de fijación de salarios) es casi imposible reconducir la situación. Cuanto menos se podía haber aprovechado la negociación a tres bandas para exigir al gobierno un cambio en las políticas de empleo público, donde la interinidad, la contratación precaria y la externalización se han convertido en la norma de gestión.
II
Ya se sabe que la fortuna llama a la fortuna. Y a los empresarios no sólo les ha tocado la lotería de la rebaja de las cotizaciones sociales. También han sido agraciados con la reforma fiscal, especialmente la del Impuesto de Sociedades donde la rebaja es del 5%. El Gobierno ha tratado de lavarse la cara con algunas medidas compensatorias, como la eliminación de muchas desgravaciones en el Impuesto de Sociedades y la ampliación de la cotización del ahorro, pero —no fueran a desanimarse los ricos— limitada al 18%, lo que sigue convirtiendo el IRPF, en la práctica, en un mero Impuesto del Trabajo Personal. Las cosas irán seguramente a peor. Convergencia i Unió, siempre tan consecuente con sus intereses de clase, ya ha pactado con el gobierno el adelantamiento de los recortes en el Impuesto de Sociedades y el tratamiento más generoso de los planes de pensiones en el IRPF. Las presiones empresariales, levantando la bandera del I+D, están a punto de reintroducir alguna de las desgravaciones antiguas.
No hay dos sin tres. A impuestos y contratación laboral le ha seguido Seguridad Social. Una reforma ciertamente modesta, con recortes limitados y alguna concesión. En la línea de las anteriores y en todo lo que atañe a la concertación social. Una concertación en la que la que siempre domina la estrategia patronal y el tipo de realismo (de visión de la realidad, para ser claros) de los neoliberales. Un realismo del que están excluidas las grandes demandas igualitarias e incluso las reformas que pueden provocar un cambio social de cierto calado. El “orden financiero” y la “acumulación de capital” imperan por doquier y seguimos instalados en un modelo social injusto, depredador y socialmente ineficiente (pues no garantiza la satisfacción universal de necesidades básicas).
Por ello, no es de extrañar que en este contexto España siga apareciendo como un país con grandes desigualdades —aunque como en el cuento del sabio, siempre encontraremos a alguien peor, empezando por las ex colonias del imperio en el que nunca se ponía el sol, herederas de una larga tradición de clases gobernantes de crueles señoritos—, tanto en la distribución de la renta como en los salarios, y que no sea difícil descubrir grandes bolsas de pobres. Menos mal que el mediterráneo es un clima venturoso y al lado de los cachorros competitivos persisten muchas estructuras informales de apoyo social. Sólo cuando empecemos a preocuparnos por estas desigualdades extremas y por la irracionalidad global del modelo empezaremos a desarrollar líneas estratégicas que se orienten a cambiar de modelo o, cuando menos, a pasar al terreno de las grandes reformas.
Por su interes, os ajunto un post, aparecido en el blog El Daño de Lüzbel y que comparto plenamente.
Catalunya, y ahora ¿Que?
Edmundo Fayanás
Estamos asistiendo a un espectáculo político de auténtico bodevil en torno al Estatut y a la Generalitat, que produce sonrojo a todos aquellos que no siendo catalanes, queremos a esa tierra.
Lo primero que llama la atención es la poca categoría de la clase política actual, que salvo excepciones, como la de Joan Saura (ICV) están muy por debajo del pueblo que dicen representar.
Me gustaría analizar algunos aspectos de la política catalana actual. Empezaré por lo realizado por el Tripartito. Estamos asistiendo a una descalificación global de su labor de gobierno, pero debo decir que algunos aspectos que han desarrollado han sido muy positivos y citaría algunos como educación, sanidad, medio ambiente, la potenciación de proyectos de I+D o poniendo orden en las cuentas de la Generalitat.
Este gobierno partió con unos enemigos políticos muy claros, la derecha españolista (PP) y la catalanista (CIU) y sectores socialistas de tendencia neoliberal, con unos medios de comunicación que no quieren a la izquierda en el poder catalán, por nada del mundo.
Conociendo la oposición con la que se iban a encontrar, la actuación de los partidos que lo componen ha sido muy desigual, mientras el PSC ha estado en la lógica de lo que se espera de él, no así su presidente Maragall, con actuaciones fuera de lugar, personalista y entrando en debates estériles, no sabiendo coordinar la política de los tres componentes de la coalición.
La sorpresa positiva ha sido IVC-IU, cuyo comportamiento ha sido ejemplar, siendo fiel a los acuerdos firmados y destacando como ya dije anteriormente la figura de Joan Saura.
La gran decepción ha sido para mi ERC, y lo siento de corazón. Los republicanos no han proyectado una sola idea que no fuera autorreferencial, ni la menor sensibilidad en aspectos que no sirvieran para su propia imagen, ni la menor dignidad en unos valores cuya representación había adoptado. Para los proyectos de progreso para su pueblo, absoluta indiferencia. En definitiva, ha practicado una política de corte clientelista, dejando un legado lleno de desplantes cara a la galería y mucho pasillo, pero sin conocer la realidad de la calle y sus gentes.
De su paso por el poder real quedan un montón de anécdotas intrascendentes y una sensación de escepticismo, del que momentáneamente le salve la obcecación de algunos forofos poco críticos. Una pena.
El gran proyecto político del Tripartito, ha sido el nuevo Estatut. ¿Es bueno el Estatut? Como he escrito en anteriores artículos, me parece tal como está redactado un mal proyecto, regulando y tocando aspectos que no deberían. Cualquier jurista que se precie le produce sonrojo y sopor este articulado. Pero dicho esto, cabe preguntarse.
¿Supone un avance este nuevo Estatut sobre el anterior?
Esta claro que éste no levanta pasiones, pero evidentemente supone un avance importante en algunos aspectos que servirán para mejorar la vida de Cataluña. Este avance es el que en estos momentos se puede hacer debido a la correlación de fuerzas existentes, con una derecha nacional totalmente extremista y fuera de la realidad y con un ERC que no ha sabido entender cuales son las posibilidades políticas del momento, no entendiendo cual es su papel en el poder. Ha intentado estar en el Gobierno y en la oposición al mismo tiempo.
¿Qué hacer en el referéndum del Estatut? Particularmente poniendo en la balanza los inconvenientes y las ventajas me permitiría un SI crítico. Pero tanto gane el SI como el NO, Cataluña sale tocada en su imagen y mucho más su clase política.
Una vez aprobado el Estatut, se celebrarán elecciones y dos son las opciones posibles, una coalición CIU/PSC y la otra la reedición del Tripartito. Veamos que significan cada una de ellas.
Si triunfa una coalición CIU / PSC, que es lo que desean los nacionalistas conservadores y amplias mayorías del PSOE nacional, implicaría la vuelta al poder de CIU en la Generalitat y el apoyo del catalanismo conservador en Madrid a los socialistas. Esto entusiasma al mundo empresarial tanto catalán como español, pues aseguraría la continuidad de políticas neoliberales favorables a las clases dominantes, pero un retroceso para amplias capas de la población.
La segunda opción pasa por la reedición del Tripartito, con la elaboración de unas nuevas bases y programas. El gran problema de este proyecto es ERC. En mi opinión se debe producir un equilibrio entre sus tendencias nacionalistas y su proyecto de izquierdas, es decir que sin renunciar a su nacionalismo le dé más cariz de izquierda a su programa. Su gran obsesión es CIU, pero si los republicanos quieren ser una alternativa de poder y no un partido marginal, debe asentarse en él las señas de la izquierda pues las del nacionalismo ya lo están. CIU tiene perfectamente ensamblado su nacionalismo con su proyectos conservador, mientras que ERC esta desequilibrado mucho nacionalismo y poca izquierda. Si los republicanos consiguen equilibrarlo habremos ganado todos aquellos que apoyamos posturas progresistas.
Deben de saber que si hay una reedición del Tripartito, éste será apoyado por los sectores más nacionalistas del PSOE, por IU y por miles de progresistas, pero que seguirán contando con el hostigamiento del conservadurismo catalán y español y por amplios sectores del PSOE proclives a las doctrinas neoliberales.
Mucha responsabilidad tienen los republicanos y su dirigente Carod Rovira. Esperemos que estas críticas que vierto hacia ellos sirvan de reflexión positiva para el cambio que creo que deben realizar. Miles de progresistas lo esperamos pues Cataluña se lo merece, pero también el resto del Estado, pues un PSOE con el apoyo de CIU y PNV, no realizará la misma política que los socialistas con IU y ERC.
Suerte, Cataluña se merece lo mejor.
Edmundo Fayanás
Estamos asistiendo a un espectáculo político de auténtico bodevil en torno al Estatut y a la Generalitat, que produce sonrojo a todos aquellos que no siendo catalanes, queremos a esa tierra.
Lo primero que llama la atención es la poca categoría de la clase política actual, que salvo excepciones, como la de Joan Saura (ICV) están muy por debajo del pueblo que dicen representar.
Me gustaría analizar algunos aspectos de la política catalana actual. Empezaré por lo realizado por el Tripartito. Estamos asistiendo a una descalificación global de su labor de gobierno, pero debo decir que algunos aspectos que han desarrollado han sido muy positivos y citaría algunos como educación, sanidad, medio ambiente, la potenciación de proyectos de I+D o poniendo orden en las cuentas de la Generalitat.
Este gobierno partió con unos enemigos políticos muy claros, la derecha españolista (PP) y la catalanista (CIU) y sectores socialistas de tendencia neoliberal, con unos medios de comunicación que no quieren a la izquierda en el poder catalán, por nada del mundo.
Conociendo la oposición con la que se iban a encontrar, la actuación de los partidos que lo componen ha sido muy desigual, mientras el PSC ha estado en la lógica de lo que se espera de él, no así su presidente Maragall, con actuaciones fuera de lugar, personalista y entrando en debates estériles, no sabiendo coordinar la política de los tres componentes de la coalición.
La sorpresa positiva ha sido IVC-IU, cuyo comportamiento ha sido ejemplar, siendo fiel a los acuerdos firmados y destacando como ya dije anteriormente la figura de Joan Saura.
La gran decepción ha sido para mi ERC, y lo siento de corazón. Los republicanos no han proyectado una sola idea que no fuera autorreferencial, ni la menor sensibilidad en aspectos que no sirvieran para su propia imagen, ni la menor dignidad en unos valores cuya representación había adoptado. Para los proyectos de progreso para su pueblo, absoluta indiferencia. En definitiva, ha practicado una política de corte clientelista, dejando un legado lleno de desplantes cara a la galería y mucho pasillo, pero sin conocer la realidad de la calle y sus gentes.
De su paso por el poder real quedan un montón de anécdotas intrascendentes y una sensación de escepticismo, del que momentáneamente le salve la obcecación de algunos forofos poco críticos. Una pena.
El gran proyecto político del Tripartito, ha sido el nuevo Estatut. ¿Es bueno el Estatut? Como he escrito en anteriores artículos, me parece tal como está redactado un mal proyecto, regulando y tocando aspectos que no deberían. Cualquier jurista que se precie le produce sonrojo y sopor este articulado. Pero dicho esto, cabe preguntarse.
¿Supone un avance este nuevo Estatut sobre el anterior?
Esta claro que éste no levanta pasiones, pero evidentemente supone un avance importante en algunos aspectos que servirán para mejorar la vida de Cataluña. Este avance es el que en estos momentos se puede hacer debido a la correlación de fuerzas existentes, con una derecha nacional totalmente extremista y fuera de la realidad y con un ERC que no ha sabido entender cuales son las posibilidades políticas del momento, no entendiendo cual es su papel en el poder. Ha intentado estar en el Gobierno y en la oposición al mismo tiempo.
¿Qué hacer en el referéndum del Estatut? Particularmente poniendo en la balanza los inconvenientes y las ventajas me permitiría un SI crítico. Pero tanto gane el SI como el NO, Cataluña sale tocada en su imagen y mucho más su clase política.
Una vez aprobado el Estatut, se celebrarán elecciones y dos son las opciones posibles, una coalición CIU/PSC y la otra la reedición del Tripartito. Veamos que significan cada una de ellas.
Si triunfa una coalición CIU / PSC, que es lo que desean los nacionalistas conservadores y amplias mayorías del PSOE nacional, implicaría la vuelta al poder de CIU en la Generalitat y el apoyo del catalanismo conservador en Madrid a los socialistas. Esto entusiasma al mundo empresarial tanto catalán como español, pues aseguraría la continuidad de políticas neoliberales favorables a las clases dominantes, pero un retroceso para amplias capas de la población.
La segunda opción pasa por la reedición del Tripartito, con la elaboración de unas nuevas bases y programas. El gran problema de este proyecto es ERC. En mi opinión se debe producir un equilibrio entre sus tendencias nacionalistas y su proyecto de izquierdas, es decir que sin renunciar a su nacionalismo le dé más cariz de izquierda a su programa. Su gran obsesión es CIU, pero si los republicanos quieren ser una alternativa de poder y no un partido marginal, debe asentarse en él las señas de la izquierda pues las del nacionalismo ya lo están. CIU tiene perfectamente ensamblado su nacionalismo con su proyectos conservador, mientras que ERC esta desequilibrado mucho nacionalismo y poca izquierda. Si los republicanos consiguen equilibrarlo habremos ganado todos aquellos que apoyamos posturas progresistas.
Deben de saber que si hay una reedición del Tripartito, éste será apoyado por los sectores más nacionalistas del PSOE, por IU y por miles de progresistas, pero que seguirán contando con el hostigamiento del conservadurismo catalán y español y por amplios sectores del PSOE proclives a las doctrinas neoliberales.
Mucha responsabilidad tienen los republicanos y su dirigente Carod Rovira. Esperemos que estas críticas que vierto hacia ellos sirvan de reflexión positiva para el cambio que creo que deben realizar. Miles de progresistas lo esperamos pues Cataluña se lo merece, pero también el resto del Estado, pues un PSOE con el apoyo de CIU y PNV, no realizará la misma política que los socialistas con IU y ERC.
Suerte, Cataluña se merece lo mejor.
El paraiso de lo posible, no de lo necesario
G. Buster
El debate del estado de la nación, celebrado los pasados 30 y 31 de mayo, han servido para escenificar en el Congreso de los Diputados la correlación de fuerzas política en España al acabar el segundo año del Gobierno Zapatero. La oposición de derechas, a pesar de su durísima campaña de movilización extraparlamentaria y de bloqueo interno en el aparato del estado, no ha sido capaz de imponer su veto al proceso de cambio político y social. Rajoy ha tenido un “martes negro” y su liderazgo es cuestionado desde sus propias filas. El Gobierno, apoyándose en una situación económica de crecimiento, insostenible a medio plazo, consolida su agenda de reformas democráticas, pero “cepillando” cualquier intento de superar el actual marco constitucional, y empieza a poner en práctica unas políticas socio-liberales más activas. La firma de cinco resoluciones con CiU frente a las tres con IU-ICV y una sola con ERC muestran la voluntad de profundizar un giro a la derecha que implica un cambio de alianzas en la mayoría parlamentaria para los temas pendientes más importantes en los próximos dos años. Zapatero vive su momento de gloria cuando inicia su reto más difícil, el proceso de paz en el País vasco.
La trampa “norcoreana” de Zapatero a la España raquitica de Rajoy
La dinámica misma del debate fue una trampa para el dirigente del Partido Popular, que cayó en ella de pleno. El discurso inicial de Zapatero fue bastante aburrido, con un tono plano, casi “norcoreano”, en el que fue pasando revista a la gestión de cada uno de los ministerios con una avalancha de cifras y estadísticas que se presuponían “la imagen de la España real”: un país moderno, con un fuerte proceso de cambio social, que necesita adecuar sus estructuras al fuerte crecimiento económico, integrar a la nueva pluralidad de sus ciudadanos, encauzar el fenómeno emigratorio y culminar la reforma autonómica y descentralizadora con una reforma constitucional muy limitada, casi cosmética. “Lo que podemos hacer que España sea en el futuro” corresponde esencialmente a una gestión modernizante, que encauce el cambio social de una manera ilustrada, gracias a un gobierno que se encuentra por delante de su propia sociedad.
Rajoy comenzó su réplica a esta imagen idílica reconociendo la buena marcha de la economía –y la insostenibilidad del modelo heredado de su propio partido- para a continuación repetir el eje de movilización de la derecha: Zapatero rompe a España con sus alianzas y concesiones a los nacionalistas; Zapatero disuelve a España en una oleada de inmigrantes ilegales; Zapatero corrompe a España al poner limites a la enseñanza privada de la Iglesia católica; Zapatero ha hecho desaparecer a España del mapamundi con su política exterior “ecumenista” y “populista revolucionaria”. Todo ello solo genera incertidumbre y discordia entre los españoles, que quieren un gobierno que sepa gobernar España.
Cuando se sentó tras su primera intervención, Rajoy recibió un aplauso sincero y entusiasta del grupo popular. Había hecho el discurso que la derecha quería oir, con eficacia y contundencia. El discurso que repiten todos los días machaconamente, de manera más burda e incluso soez, los medios de comunicación encabezados por la cadena de radio COPE, TV-Madrid y los periódicos El Mundo, La Razón o ABC.
Fue una falsa ilusión. A continuación Zapatero destrozó en dos réplicas todos los argumentos de Rajoy, “profeta del desastre y un desastre como profeta”. Respondió al discurso de la nostalgia con el recuerdo de la invasión del islote marroquí de Perejil y la foto de las Azores de Aznar con Bush, Blair y Durao Barroso, sin ahorrarse una mención a Abu Graib, recordó las cifras de la inmigración ilegal bajo el Gobierno Aznar y su conexión con la economía sumergida y la corrupción. Remató con la posición totalmente contradictoria del Partido Popular ante la reforma autonómica, que exige los techos máximos de autogobierno allí donde gobierna, denuncia la “ruptura de España” donde no lo hace, para a continuación exigir gobernar con las mismas fuerzas nacionalistas, como CiU, a las que acaba de acusar. “La España real no le cabe en su idea de España”, concluyó Zapatero.
A Rajoy y al PP no le quedó ya otra cosa que escudarse en el reparto acordado de los tiempos de debate para justificar su incapacidad de respuesta y montar una bronca que escondiese su silencio. Esa misma tarde, los comentaristas y la prensa de la derecha se le echaron encima, acusándole de haberse derrotado el mismo al pactar con Zapatero la exclusión del proceso de paz en el País Vasco del debate. La derecha no se merecía un dirigente que pacta cuando se esta rompiendo España.
Mayorías parlamentarias a izquierda y derecha
El resto del debate fue un ejercicio prácticamente diplomático de Zapatero con las distintas fuerzas políticas con las que se alía según las ocasiones y los temas. CiU se ofreció para lo que fuese, consciente de que su mejor carta para las elecciones catalanes de noviembre frente al tripartito catalanista y de izquierdas es el pacto de enero Más-Zapatero. Zapatero en más de una ocasión insinuó la probable victoria electoral de CiU, “llamada a gestionar el Estatut”. ERC tuvo no solo el lógico ataque de cuernos, sino que supo explicitar su rechazo al “cepillado” del Estatut para justificar el NO, rechazando la teoría del mal menor, y denunciando no solo la falta de solución democrática de la cuestión nacional, sino las propias limitaciones de la descentralización administrativa. IU-ICV defendió con vigor un “giro a la izquierda” frente al giro a la derecha en curso del gobierno Zapatero, y la necesidad de concretar un mínimo de reivindicaciones ecologistas. Para todos tuvo buenas palabras Zapatero, convertido en el único referente real, árbitro y polo de articulación frente a la derecha.
Teóricamente, Zapatero ha llegado a una disyuntiva:
a) Seguir gobernando sobre el menguante impulso del ciclo de luchas sociales 2002-2004, profundizar los cambios democráticos y estatutarios que ha apoyado la mayoría parlamentaria de izquierdas y romper con el modelo económico neoliberal insostenible del PP de especulación inmobiliaria y endeudamiento familiar, para entrar en una segunda fase de reformas sociales dirigidas a los sectores populares en los que se asienta el voto de la izquierda.
b) Girar a la derecha, buscar una nueva mayoría parlamentaria a partir de los acuerdos de enero con CIU y apoyarse en el los partidos de la derecha nacionalista para consolidar una reforma estatutaria “cepillada” y un proceso pacificador en Euskadi -mas que de paz-, que busque aislar y debilitar a la izquierda abertzale, al mismo tiempo que se mantiene y se profundiza una orientación económica y social liberal, continuadora del modelo insostenible del PP, en beneficio a corto plazo de los poderes económicos del país que articulan la base social de la derecha.
Hasta ahora, y esa ha sido la característica de la situación política de los últimos ocho meses, en la práctica Zapatero ha querido apoyarse en las dos posibles mayorías a la vez, según le convenía: en la mayoría parlamentaria de izquierdas que voto su investidura para el cambio democrático; en el apoyo de la derecha nacionalista para una política económica continuista socio-liberal; en todos a la vez frente a la ofensiva desestabilizadora del PP y de la derecha social.
Este equilibrio no será posible de mantener por mucho más tiempo. No se puede hacer virtud política del equilibrio, que es siempre inestable, porque se acaba defraudando a unos y a otros. En cualquier caso, las elecciones catalanas de noviembre, con el precedente de los resultados del referéndum del 18 de junio sobre el Estatut, marcarán un nuevo ciclo político dependiendo de si es posible reconstruir un gobierno catalanista y de izquierdas o si, por el contrario se produce un gobierno de coalición CiU-PSC.
El cambio de formula de gobierno en Catalunya condicionará sin duda el final de la legislatura, abriendo de hecho un largo proceso electoral hasta las previstas elecciones generales del 2008, con la cita intermedia de las elecciones municipales y autonómicas de primavera del 2007.
Todas las encuestas de opinión siguen recogiendo una ventaja del PSOE frente al PP, de al menos 2 puntos, pero con subidas ocasionales a 6. La diferencia en consideración de Zapatero y Rajoy como dirigentes es bastante mayor a favor del primero. Tanto la falta de movilización social de la izquierda como la confianza depositada en la “gestión en frío” del gobierno del cambio social y político no parecen haber erosionado el apoyo electoral a Zapatero frente a una derecha tramontana y nostálgica.
El mejor de los reinos posibles, mientras dure
Subsumida por el momento cualquier connotación de clase que vaya más allá de esta polarización entre una derecha neo-franquista y una izquierda democrática, el estado español parece instalado virtualmente en el mejor de los reinos posibles de la pequeña-burguesia, arbitrada por el “sentido común” de Zapatero y la esperanza de que las cosas sigan como hasta ahora.
Fracasadas las profecías del desastre de la derecha, no se trata desde la izquierda de caer en el “cuanto peor, mejor”. Pero este equilibrio virtuoso es cuanto menos virtual. En el debate del estado de la nación todas las partes mencionaron el carácter insostenible del actual modelo de crecimiento económico, que se manifiesta en el déficit del sector exterior, la inflación y la continua perdida de competitividad y se traducen en deslocalizaciones, accidentes laborales y precariedad para los trabajadores. A pesar del crecimiento de la población gracias a la inmigración, el superavit presupuestario sigue operando un trasvase de recursos hacia los sectores más ricos de la población en detrimento de los servicios públicos, aumentando el déficit social con la Europa del Euro. Prácticamente agotada la agenda de cambios democráticos en los derechos individuales y puesto el techo a los derechos colectivos, sobre todo en la cuestión nacional, no es probable sin embargo que las tensiones sociales se acumulen hasta llegar a expresarse electoralmente en estos dos años que restan.
La gran cuestión pendiente, en definitiva, son las negociaciones en el País Vasco para la paz. Un día después de su derrota en el debate del estado de la nación, el PP decidió que no podía prescindir de Rajoy sin efectos catastróficos en su propio electorado. Y volvió a movilización en todos los frentes contra el proceso de paz, preparando como si se tratase de una segunda vuelta el inminente debate parlamentario sobre este tema al grito de ¡Zapatero, traidor!
El anuncio de Patxi Lopez de que el PSE iniciaría el dialogo con Batasuna y la decisión del hasta ahora “heroico” juez Grande-Marlaska, bajo la presión del fiscal Jesús Santos, de no encarcelar a Otegui y a la dirección de la izquierda abertzale, le permitieron a la derecha reclamar una “razón de estado” que reconocía haber perdido en el debate del estado de la nación, pero solo momentáneamente. En cualquier caso, en este, más que en ningún otro tema, las encuestas muestran el aislamiento del Partido Popular. La segunda vuelta del debate del estado de la nación que será el debate sobre el proceso de la paz en el País Vasco solo augura una derrota aun más sonada de Rajoy y del PP.
G. Buster
El debate del estado de la nación, celebrado los pasados 30 y 31 de mayo, han servido para escenificar en el Congreso de los Diputados la correlación de fuerzas política en España al acabar el segundo año del Gobierno Zapatero. La oposición de derechas, a pesar de su durísima campaña de movilización extraparlamentaria y de bloqueo interno en el aparato del estado, no ha sido capaz de imponer su veto al proceso de cambio político y social. Rajoy ha tenido un “martes negro” y su liderazgo es cuestionado desde sus propias filas. El Gobierno, apoyándose en una situación económica de crecimiento, insostenible a medio plazo, consolida su agenda de reformas democráticas, pero “cepillando” cualquier intento de superar el actual marco constitucional, y empieza a poner en práctica unas políticas socio-liberales más activas. La firma de cinco resoluciones con CiU frente a las tres con IU-ICV y una sola con ERC muestran la voluntad de profundizar un giro a la derecha que implica un cambio de alianzas en la mayoría parlamentaria para los temas pendientes más importantes en los próximos dos años. Zapatero vive su momento de gloria cuando inicia su reto más difícil, el proceso de paz en el País vasco.
La trampa “norcoreana” de Zapatero a la España raquitica de Rajoy
La dinámica misma del debate fue una trampa para el dirigente del Partido Popular, que cayó en ella de pleno. El discurso inicial de Zapatero fue bastante aburrido, con un tono plano, casi “norcoreano”, en el que fue pasando revista a la gestión de cada uno de los ministerios con una avalancha de cifras y estadísticas que se presuponían “la imagen de la España real”: un país moderno, con un fuerte proceso de cambio social, que necesita adecuar sus estructuras al fuerte crecimiento económico, integrar a la nueva pluralidad de sus ciudadanos, encauzar el fenómeno emigratorio y culminar la reforma autonómica y descentralizadora con una reforma constitucional muy limitada, casi cosmética. “Lo que podemos hacer que España sea en el futuro” corresponde esencialmente a una gestión modernizante, que encauce el cambio social de una manera ilustrada, gracias a un gobierno que se encuentra por delante de su propia sociedad.
Rajoy comenzó su réplica a esta imagen idílica reconociendo la buena marcha de la economía –y la insostenibilidad del modelo heredado de su propio partido- para a continuación repetir el eje de movilización de la derecha: Zapatero rompe a España con sus alianzas y concesiones a los nacionalistas; Zapatero disuelve a España en una oleada de inmigrantes ilegales; Zapatero corrompe a España al poner limites a la enseñanza privada de la Iglesia católica; Zapatero ha hecho desaparecer a España del mapamundi con su política exterior “ecumenista” y “populista revolucionaria”. Todo ello solo genera incertidumbre y discordia entre los españoles, que quieren un gobierno que sepa gobernar España.
Cuando se sentó tras su primera intervención, Rajoy recibió un aplauso sincero y entusiasta del grupo popular. Había hecho el discurso que la derecha quería oir, con eficacia y contundencia. El discurso que repiten todos los días machaconamente, de manera más burda e incluso soez, los medios de comunicación encabezados por la cadena de radio COPE, TV-Madrid y los periódicos El Mundo, La Razón o ABC.
Fue una falsa ilusión. A continuación Zapatero destrozó en dos réplicas todos los argumentos de Rajoy, “profeta del desastre y un desastre como profeta”. Respondió al discurso de la nostalgia con el recuerdo de la invasión del islote marroquí de Perejil y la foto de las Azores de Aznar con Bush, Blair y Durao Barroso, sin ahorrarse una mención a Abu Graib, recordó las cifras de la inmigración ilegal bajo el Gobierno Aznar y su conexión con la economía sumergida y la corrupción. Remató con la posición totalmente contradictoria del Partido Popular ante la reforma autonómica, que exige los techos máximos de autogobierno allí donde gobierna, denuncia la “ruptura de España” donde no lo hace, para a continuación exigir gobernar con las mismas fuerzas nacionalistas, como CiU, a las que acaba de acusar. “La España real no le cabe en su idea de España”, concluyó Zapatero.
A Rajoy y al PP no le quedó ya otra cosa que escudarse en el reparto acordado de los tiempos de debate para justificar su incapacidad de respuesta y montar una bronca que escondiese su silencio. Esa misma tarde, los comentaristas y la prensa de la derecha se le echaron encima, acusándole de haberse derrotado el mismo al pactar con Zapatero la exclusión del proceso de paz en el País Vasco del debate. La derecha no se merecía un dirigente que pacta cuando se esta rompiendo España.
Mayorías parlamentarias a izquierda y derecha
El resto del debate fue un ejercicio prácticamente diplomático de Zapatero con las distintas fuerzas políticas con las que se alía según las ocasiones y los temas. CiU se ofreció para lo que fuese, consciente de que su mejor carta para las elecciones catalanes de noviembre frente al tripartito catalanista y de izquierdas es el pacto de enero Más-Zapatero. Zapatero en más de una ocasión insinuó la probable victoria electoral de CiU, “llamada a gestionar el Estatut”. ERC tuvo no solo el lógico ataque de cuernos, sino que supo explicitar su rechazo al “cepillado” del Estatut para justificar el NO, rechazando la teoría del mal menor, y denunciando no solo la falta de solución democrática de la cuestión nacional, sino las propias limitaciones de la descentralización administrativa. IU-ICV defendió con vigor un “giro a la izquierda” frente al giro a la derecha en curso del gobierno Zapatero, y la necesidad de concretar un mínimo de reivindicaciones ecologistas. Para todos tuvo buenas palabras Zapatero, convertido en el único referente real, árbitro y polo de articulación frente a la derecha.
Teóricamente, Zapatero ha llegado a una disyuntiva:
a) Seguir gobernando sobre el menguante impulso del ciclo de luchas sociales 2002-2004, profundizar los cambios democráticos y estatutarios que ha apoyado la mayoría parlamentaria de izquierdas y romper con el modelo económico neoliberal insostenible del PP de especulación inmobiliaria y endeudamiento familiar, para entrar en una segunda fase de reformas sociales dirigidas a los sectores populares en los que se asienta el voto de la izquierda.
b) Girar a la derecha, buscar una nueva mayoría parlamentaria a partir de los acuerdos de enero con CIU y apoyarse en el los partidos de la derecha nacionalista para consolidar una reforma estatutaria “cepillada” y un proceso pacificador en Euskadi -mas que de paz-, que busque aislar y debilitar a la izquierda abertzale, al mismo tiempo que se mantiene y se profundiza una orientación económica y social liberal, continuadora del modelo insostenible del PP, en beneficio a corto plazo de los poderes económicos del país que articulan la base social de la derecha.
Hasta ahora, y esa ha sido la característica de la situación política de los últimos ocho meses, en la práctica Zapatero ha querido apoyarse en las dos posibles mayorías a la vez, según le convenía: en la mayoría parlamentaria de izquierdas que voto su investidura para el cambio democrático; en el apoyo de la derecha nacionalista para una política económica continuista socio-liberal; en todos a la vez frente a la ofensiva desestabilizadora del PP y de la derecha social.
Este equilibrio no será posible de mantener por mucho más tiempo. No se puede hacer virtud política del equilibrio, que es siempre inestable, porque se acaba defraudando a unos y a otros. En cualquier caso, las elecciones catalanas de noviembre, con el precedente de los resultados del referéndum del 18 de junio sobre el Estatut, marcarán un nuevo ciclo político dependiendo de si es posible reconstruir un gobierno catalanista y de izquierdas o si, por el contrario se produce un gobierno de coalición CiU-PSC.
El cambio de formula de gobierno en Catalunya condicionará sin duda el final de la legislatura, abriendo de hecho un largo proceso electoral hasta las previstas elecciones generales del 2008, con la cita intermedia de las elecciones municipales y autonómicas de primavera del 2007.
Todas las encuestas de opinión siguen recogiendo una ventaja del PSOE frente al PP, de al menos 2 puntos, pero con subidas ocasionales a 6. La diferencia en consideración de Zapatero y Rajoy como dirigentes es bastante mayor a favor del primero. Tanto la falta de movilización social de la izquierda como la confianza depositada en la “gestión en frío” del gobierno del cambio social y político no parecen haber erosionado el apoyo electoral a Zapatero frente a una derecha tramontana y nostálgica.
El mejor de los reinos posibles, mientras dure
Subsumida por el momento cualquier connotación de clase que vaya más allá de esta polarización entre una derecha neo-franquista y una izquierda democrática, el estado español parece instalado virtualmente en el mejor de los reinos posibles de la pequeña-burguesia, arbitrada por el “sentido común” de Zapatero y la esperanza de que las cosas sigan como hasta ahora.
Fracasadas las profecías del desastre de la derecha, no se trata desde la izquierda de caer en el “cuanto peor, mejor”. Pero este equilibrio virtuoso es cuanto menos virtual. En el debate del estado de la nación todas las partes mencionaron el carácter insostenible del actual modelo de crecimiento económico, que se manifiesta en el déficit del sector exterior, la inflación y la continua perdida de competitividad y se traducen en deslocalizaciones, accidentes laborales y precariedad para los trabajadores. A pesar del crecimiento de la población gracias a la inmigración, el superavit presupuestario sigue operando un trasvase de recursos hacia los sectores más ricos de la población en detrimento de los servicios públicos, aumentando el déficit social con la Europa del Euro. Prácticamente agotada la agenda de cambios democráticos en los derechos individuales y puesto el techo a los derechos colectivos, sobre todo en la cuestión nacional, no es probable sin embargo que las tensiones sociales se acumulen hasta llegar a expresarse electoralmente en estos dos años que restan.
La gran cuestión pendiente, en definitiva, son las negociaciones en el País Vasco para la paz. Un día después de su derrota en el debate del estado de la nación, el PP decidió que no podía prescindir de Rajoy sin efectos catastróficos en su propio electorado. Y volvió a movilización en todos los frentes contra el proceso de paz, preparando como si se tratase de una segunda vuelta el inminente debate parlamentario sobre este tema al grito de ¡Zapatero, traidor!
El anuncio de Patxi Lopez de que el PSE iniciaría el dialogo con Batasuna y la decisión del hasta ahora “heroico” juez Grande-Marlaska, bajo la presión del fiscal Jesús Santos, de no encarcelar a Otegui y a la dirección de la izquierda abertzale, le permitieron a la derecha reclamar una “razón de estado” que reconocía haber perdido en el debate del estado de la nación, pero solo momentáneamente. En cualquier caso, en este, más que en ningún otro tema, las encuestas muestran el aislamiento del Partido Popular. La segunda vuelta del debate del estado de la nación que será el debate sobre el proceso de la paz en el País Vasco solo augura una derrota aun más sonada de Rajoy y del PP.
